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El regreso de Juan Bosch Pabellón revive añoranzas, seduce generaciones
Por Ricardo Vega
Juan Bosch está de regreso. Cien años después ha vuelto, pero no para crear un tercer partido político y participar en las elecciones, no; sino para reencontrarse con su pueblo, a través del invaluable legado de su pensamiento. Siglos de historia y sabiduría empastada, fotos que se explican a si mismas con el matiz del paso del tiempo se combinan para en un rincón muy especial, donde todo cuanto se respira sabe a recuerdos y añoranzas, seducir a los citadinos. Es el lugar donde los documentos, objetos y piezas personales a las que Juan Bosch dio vida, posan solemnes, revestidas de mito y celebridad, como si proclamaran que su dueño nunca se ha ido. Se pueden observar trabajos y cartas manuscritas, algunos libros que utilizó de consultas con los trazados de marcadores de colores para resaltar asuntos de importancia para su aprendizaje político, literario y de otra índole, encendedores, porta documentos, maletines, un archivo de notas de trabajo, una segunda máquina portátil, porta chaqueta, placas y medallas que destacan de él algún mérito innecesario. También dos acrílicos del escritor en las que Miguel Núñez lo plasma cual si fuera espejo de los patricios. ¡Cuánta alegría sentiría Hostos el sembrador al contemplar semejante hazaña! Muy próximo a ellos una bandera que a pesar del paso de los años, no palidece. La misma que cubrió en su viaje hacia el Cristo Redentor al Coronel Fernández Domínguez, traspasando luego su digno pigmento al féretro de Bosch, aquel inapelable primero de noviembre de 2001. Asimismo, lentes ópticos, brújula y galones que utilizó el coronel Fernández Domínguez, durante la Revolución de abril de 1965 y fotografías de éste junto a Juan Bosch en su condición de Presidente de la República, en visita que hiciera a la Academia Batalla de las Carreras. En la pared que señala el lado oeste del pabellón, pende un cartel, con fotografías y escrituras de personalidades internacionales del mundo político y literario, que resaltan la figura de Bosch, en su condición de amigo, entre los que se citan a Hugo Chávez, Eduardo Galeano, Velodia Teitelboim y Julio Cortázar. Y quien no podía faltar, García Márquez calificando a Bosch como el dominicano más ilustre y respetable de su época, en un cable enviado al Presidente Joaquín Balaguer en 1973. Les siguen Pablo Neruda, Fidel Castro y el precursor y mártir de la Revolución de abril de 1965, Coronel Fernández Domínguez. Hacia el sur un cartel gigante recoge los datos personales de Bosch, desde el nacimiento en 1909, pasando por los acontecimientos políticos históricos y literarios más importantes de su dilatada trayectoria, hasta el 1ro. de noviembre de 2001. Es que el espacio dedicado a Juan Bosch en la XII Feria Internacional del Libro parece quedarle pequeño. Quizás por ello desde allí se escapan y llegan a estas páginas, esa mezcla de siglos de conocimiento y hasta frustraciones enervadas por el presente, reencontradas, confundidas y ficticiamente reencarnadas, como una impronta que parece suspender a los visitantes en un período de tiempo breve, pero terco y eterno. No obstante, hay que admitirlo, esto no impide que fuera los mercaderes bibliográficos desarrollen su propia guerra. Pero a fin de cuentas sobrevive la voluntad de niños, adolescentes, jóvenes y adultos de reencontrarse con la dimensión insondable del político, del estadista, del literato, del historiador, del ensayista, de un Juan Bosch tantas veces malentendido y sojuzgado. Como figura principal de la Feria, de norte a sur, y de este a oeste, incluida la calle Carmen Quidiello de Bosch, la boschmanía hace suya la Plaza de la Cultura. Al menos hasta principios de abril. “El pabellón es una especie de mini-museo, donde se exhibe parte del conjunto de obras literarias, pertenencias de trabajo y personales del ilustre escritor, una exposición de sus vivencias políticas, literarias y pensamiento, mostradas en fotografías y otras piezas de gran valor para su legado histórico”, detalla Matías Bosch, nieto del extinto líder político y primer vicepresidente de la fundación que lleva su nombre. “Visitarlo y contemplar todo lo que se exhibe es imaginarse a Don Juan sentado en su silla, junto a su escritorio, con su chaqueta de traje puesta, sus lentes ópticos para ver mejor, las manos sobre su máquina de escribir Olímpia, agitando sus teclas y escuchando el “Taqui, taqui”, en momentos, como los que tanto viví a su lado, en que producía una de sus obras para la historia”, señala Diómedes Núñez, quien fuera su asistente personal hasta los últimos años de su influyente existencia. Así en cualquier dirección que usted se desplace, al visitar la Feria del Libro no se sorprenda si frente al Teatro Nacional se le aparece un ciudadano ejemplar, cuya estatura moral nunca tuvo precio, invitándole a pasar a su pabellón, sugiriéndole ser redescubierto.
Dentro y fuera No sólo en el país, sino también en el ámbito internacional, la obra y los aportes del pensador criollo son conmemorados, con las más variadas actividades. Así se han ido formando, en coordinación con la Comisión Nacional Centenario Juan Bosch, subcomisiones en municipios, provincias y naciones, que elaboran sus respectivos programas de actividades. En el país, Santiago, Bonao, Puerto Plata, La Vega, San Cristóbal, Baní, Ocoa, Hato Mayor, La Romana, Valverde, y en el extranjero Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Chile, España, Boston, Argentina, México, Haití y Perú, conforman la lista de los primeros en integrarse a los trabajos para esta solemne celebración, que inicio en enero y se extenderá hasta fin de año. Los equipos distritales, municipales y provinciales, sin importar preferencias políticas o de otra índole, son juramentados por el Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional y primer vicepresidente de la Fundación Juan Bosch, Diómedes Núñez Polanco y el Secretario de Estado, Rafael Pérez Modesto.
El escultor Contrario a la imagen que desde siempre se ha proyectado de su acrisolada trayectoria, en sus años mozos Juan Emilio Bosch y Gabiño lo que quería ser era escultor, como lo muestra el busto del coronel español Enrique Herrera Marín, realizado en 1968, una estampa más de su sensibilidad humana.
La cifra Un promedio de 1,100 personas visitan diariamente, de 9 de la mañana a 10 de la noche. La obra más solicitada: “De Cristóbal Colón a Fidel Castro, La Frontera Imperial”.
La frase “Don Juan es y será siempre el incólume ejemplo a seguir, por generaciones y generaciones.” Margarita Cedeño de Fernández.
Curiosidad Juan Bosch leyó 21 veces El Quijote, de Cervantes.
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